martes, 28 de mayo de 2013

MILAGOS DE LA VIRGEN DEL CISNE

Hace algunos días cuando dialogaba con Monseñor Victoriano Naranjo, el pastor de los latacungueños y cotopaxenses, hablábamos sobre la baja considerable de asistencia de creyentes a los templos de oración de que los católicos, resaltándole la preocupación en el sentido de que nos vamos quedando en minoría frente al crecimiento de sectas y otras ramas religiosas o verdaderas “empresas de la fe”. O es que se cumple esa vieja sentencia, “templos vacíos, santuarios llenos”, como me decía un sacerdote peruano en la relajante ciudad de Baños.
Sin embargo, cuando llega un momento especial, en realidad, los católicos seguimos siendo mayoría. Como reza un viejo adagio popular, “para muestra suficiente un botón”, cuando arribó la virgen del Cisne, la Churonita como se le conoce popularmente, desde ese instante, se vio la gran cantidad de fieles, de seguidores, devotos, fervientes, creyentes, amigos, practicantes y cuantos sinónimos más existan, que se acercaron para recibirle hasta con lágrimas de gozo luego de un amplio trayecto.
Miles de personas se dieron cita a las calles de Latacunga a recibir a la portentosa imagen que es venerada por millones de ecuatorianas y sudamericanos que anualmente visitan su templo, su casa, allá en la lejana provincia y ciudad de Loja, en el santuario del Cisne y millares de niños, niñas, jóvenes, adultos de todas las condiciones sociales, hicimos largas “colas” para orar unos cuantos segundos frente a la madre de Jesús en los días que permaneció expuesta en la Catedral.
Varias lecciones nos deja esta visita divina. Algunos aspectos negativos que desagradaron a creyentes, a católicos, mucho más a aquellos que se fueron de la fe y otros escépticos que existen en toda comunidad, situaciones que debemos, no esconderlas, sino más bien asumir con responsabilidad y, sobre nuestras autoridades, visualizarlas para que en próximas oportunidades no nos sorprendan las circunstancias y cometamos ciertos “pecadillos” que dañan la imagen de cualquier evento que se realice en esas                  condiciones.
De ninguna manera estamos en contra de la forma de supervivencia de la gente que honradamente se gana unos cuantos dólares para la subsistencia personal y de la familia; pero jamás estaremos de acuerdo con que a la edificación emblemática de las y los latacungueños, hayamos permitido que se convierta en un mini mercado por parte de un buen número de personas que “comercian con la fe” de los seguidores de estas sagradas imágenes que representan a la madre de Dios, a María.
Otra de las lecciones, es que, respetando a quienes han hecho de la fe una forma de vida, practicando todos los valores que pregonamos en el catolicismo y que han trabajado por años junto a muchos sacerdotes, feligreses y sectores parroquiales, bien por ello, debemos resaltar el “milagro” de la Churonita cuando apreciamos en varias fotografías a algunas ovejas “descarriadas” que estaban yéndose del redil a entregar sin autorización del jefe, las llaves a personas que profesan o practican otros cultos en los que no creen ni de lejos en estas imágenes que para nosotros tienen un significado especial.
Volvieron frente a la muchedumbre a expresarse, a confesarse como católicos practicantes porque en andas llevaron sobre sus hombros a la Virgen del Cisne y ese es un “milagro”, con el perdón de los creyentes y autores, o fueron simples figuraciones para aparentar algo que en el fondo dejaron de ser, pero que les interesa aparecer como tales frente a la opinión pública.
Sin lugar a equívocos, está llegando la hora, o llegó la hora hace algunos años, de un cambio de brújula, un cambio de actitud con nuestra cúpula religiosa, de nuestros pastores, y sobre todo, de quienes decimos que somos practicantes. Los cambios en los sermones, en los discursos que deben ofrecernos los sacerdotes en las distintas casas de oración, en los templos donde elevamos una plegaria al Supremo Hacedor de las cosas y a la madre de Dios, a María, deben venir ya porque otra cosa es lo que requiere el ser humano escuchar; otras son las palabras con que deben los religiosos y religiosas llegar a la niñez y juventud.
En lo de fondo, la fe católica, como bíblicamente se sentencia, jamás morirá, la fe en el Todopoderoso, la fe en Cristo, nunca morirá, somos los hombres que por esas conveniencias cambiamos de actitud. Nada es malo cuando tratamos de hacer el bien y sin importar el lugar desde o hacia dónde se hace las acciones a favor de nuestros semejantes. Lo malo es cuando se degeneran las acciones y las pasiones se vuelven egoístas, mezquinas y mentirosas.

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