Hace
algunos días cuando dialogaba con Monseñor Victoriano Naranjo, el
pastor de los latacungueños y cotopaxenses, hablábamos sobre la baja
considerable de asistencia de creyentes a los templos de oración de que
los católicos, resaltándole la preocupación en el sentido de que nos
vamos quedando en minoría frente al crecimiento de sectas y otras ramas
religiosas o verdaderas “empresas de la fe”. O es que se cumple esa
vieja sentencia, “templos vacíos, santuarios llenos”, como me decía un
sacerdote peruano en la relajante ciudad de Baños.
Sin embargo,
cuando llega un momento especial, en realidad, los católicos seguimos
siendo mayoría. Como reza un viejo adagio popular, “para muestra
suficiente un botón”, cuando arribó la virgen del Cisne, la Churonita
como se le conoce popularmente, desde ese instante, se vio la gran
cantidad de fieles, de seguidores, devotos, fervientes, creyentes,
amigos, practicantes y cuantos sinónimos más existan, que se acercaron
para recibirle hasta con lágrimas de gozo luego de un amplio trayecto.
Miles
de personas se dieron cita a las calles de Latacunga a recibir a la
portentosa imagen que es venerada por millones de ecuatorianas y
sudamericanos que anualmente visitan su templo, su casa, allá en la
lejana provincia y ciudad de Loja, en el santuario del Cisne y millares
de niños, niñas, jóvenes, adultos de todas las condiciones sociales,
hicimos largas “colas” para orar unos cuantos segundos frente a la madre
de Jesús en los días que permaneció expuesta en la Catedral.
Varias
lecciones nos deja esta visita divina. Algunos aspectos negativos que
desagradaron a creyentes, a católicos, mucho más a aquellos que se
fueron de la fe y otros escépticos que existen en toda comunidad,
situaciones que debemos, no esconderlas, sino más bien asumir con
responsabilidad y, sobre nuestras autoridades, visualizarlas para que en
próximas oportunidades no nos sorprendan las circunstancias y cometamos
ciertos “pecadillos” que dañan la imagen de cualquier evento que se
realice en esas condiciones.
De ninguna manera
estamos en contra de la forma de supervivencia de la gente que
honradamente se gana unos cuantos dólares para la subsistencia personal y
de la familia; pero jamás estaremos de acuerdo con que a la edificación
emblemática de las y los latacungueños, hayamos permitido que se
convierta en un mini mercado por parte de un buen número de personas que
“comercian con la fe” de los seguidores de estas sagradas imágenes que
representan a la madre de Dios, a María.
Otra de las lecciones, es
que, respetando a quienes han hecho de la fe una forma de vida,
practicando todos los valores que pregonamos en el catolicismo y que han
trabajado por años junto a muchos sacerdotes, feligreses y sectores
parroquiales, bien por ello, debemos resaltar el “milagro” de la
Churonita cuando apreciamos en varias fotografías a algunas ovejas
“descarriadas” que estaban yéndose del redil a entregar sin autorización
del jefe, las llaves a personas que profesan o practican otros cultos
en los que no creen ni de lejos en estas imágenes que para nosotros
tienen un significado especial.
Volvieron frente a la muchedumbre a
expresarse, a confesarse como católicos practicantes porque en andas
llevaron sobre sus hombros a la Virgen del Cisne y ese es un “milagro”,
con el perdón de los creyentes y autores, o fueron simples figuraciones
para aparentar algo que en el fondo dejaron de ser, pero que les
interesa aparecer como tales frente a la opinión pública.
Sin lugar a
equívocos, está llegando la hora, o llegó la hora hace algunos años, de
un cambio de brújula, un cambio de actitud con nuestra cúpula
religiosa, de nuestros pastores, y sobre todo, de quienes decimos que
somos practicantes. Los cambios en los sermones, en los discursos que
deben ofrecernos los sacerdotes en las distintas casas de oración, en
los templos donde elevamos una plegaria al Supremo Hacedor de las cosas y
a la madre de Dios, a María, deben venir ya porque otra cosa es lo que
requiere el ser humano escuchar; otras son las palabras con que deben
los religiosos y religiosas llegar a la niñez y juventud.
En lo de
fondo, la fe católica, como bíblicamente se sentencia, jamás morirá, la
fe en el Todopoderoso, la fe en Cristo, nunca morirá, somos los hombres
que por esas conveniencias cambiamos de actitud. Nada es malo cuando
tratamos de hacer el bien y sin importar el lugar desde o hacia dónde se
hace las acciones a favor de nuestros semejantes. Lo malo es cuando se
degeneran las acciones y las pasiones se vuelven egoístas, mezquinas y
mentirosas.


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